En 1973, al asumir Mario Franco como gobernador en Río Negro, designó al frente del Consejo de Salud Pública al barilochense José María Iglesias, quien convocó a Alberto Ostrovsky, compañero de Dal Bo en el Regional de Comodoro. La muerte de ambos en un accidente aéreo derivó en que el ministro Alberto Pawly le ofreciera la conducción a Dal Bo.
Cuenta que detalló a Franco su proyecto de mejora de hospitales, dedicación exclusiva para profesionales, horarios vespertinos, formar recurso humano en posgrado mediante residencias médicas, hacer que las obras sociales pagaran la atención de sus afiliados en el hospital e incorporar representantes de la comunidad en el Consejo Provincial de Salud.
"¿Qué reacción espera que haya en el ambiente médico de la provincia?", preguntó Franco. Dal Bo respondió que una oposición franca. "Doctor, déjemelos por mi cuenta; a los de acá, los corro con los bomberos. Métale con el proyecto" fue el fin de la charla, con el campechano estilo del político de Villa Regina. Antes de partir hacia Buenos Aires a buscar profesionales, Dal Bo le planteó a Pawly que no era peronista. "¿Y yo se lo he preguntado? Para peronista estoy yo", dijo el ministro.
En el gabinete tuvo el aval de Omar Lehner (Economía), Jorge Frías (Gobierno), Oscar Albrieu (secretario de la Gobernación) y Remo Costanzo (Planeamiento) y en seis meses contó con la Ley de Salud y con los documentos necesarios para la organización.
La modernización y el aumento de los servicios de salud, sobre todo en áreas marginales de la provincia, se hicieron notar, así como el replanteo en la relación médico-hospital. Los programas para grupos vulnerables, los de formación profesional en enfermería y hemoterapia, las acciones de saneamiento ambiental y la remodelación edilicia completaron el esquema.
El presupuesto de Salud Pública se duplicó en un año para sumar personal, adquirir equipamiento y ambulancias y mejorar los edificios. Parte de esos recursos se incorporó al facturar a obras sociales. Una línea de créditos del Banco Provincia permitió a los cien médicos full time recién llegados adquirir vivienda y auto.
En 1974 fue el auge del programa; al mismo tiempo, la reacción de los médicos locales se hacía sentir a través de acusaciones de "bolches" o "marxistas" hacia sus responsables. El gobernador buscaba aliviar la tensión con la Federación Médica. "Era imposible avanzar en mejorar relaciones sin derribar los aspectos centrales del plan, aquellos que le daban su real sentido", escribe Dal Bo, orgulloso de que la experiencia "murió sin deshonra" con el golpe de Estado de 1976.
Antes de eso, el jefe de Policía de Franco -Mario Benigno Ardanaz- había hostigado el plan junto con médicos de policía. "Se inventó la presencia clandestina de un jefe montonero en el hospital de Roca y poco después las fuerzas de seguridad recibieron la denuncia de la existencia de armas en el hospital de Bariloche", que dio lugar a un allanamiento. "Pero la verdadera actividad subversiva que debía erradicarse era la excelente oferta asistencial que brindaba la medicina pública", afirma Dal Bo. La tensión creció al ser amenazados varios médicos por la Triple A y allanadas varias de sus viviendas o colocadas bombas en su contra.
Cuenta que detalló a Franco su proyecto de mejora de hospitales, dedicación exclusiva para profesionales, horarios vespertinos, formar recurso humano en posgrado mediante residencias médicas, hacer que las obras sociales pagaran la atención de sus afiliados en el hospital e incorporar representantes de la comunidad en el Consejo Provincial de Salud.
"¿Qué reacción espera que haya en el ambiente médico de la provincia?", preguntó Franco. Dal Bo respondió que una oposición franca. "Doctor, déjemelos por mi cuenta; a los de acá, los corro con los bomberos. Métale con el proyecto" fue el fin de la charla, con el campechano estilo del político de Villa Regina. Antes de partir hacia Buenos Aires a buscar profesionales, Dal Bo le planteó a Pawly que no era peronista. "¿Y yo se lo he preguntado? Para peronista estoy yo", dijo el ministro.
En el gabinete tuvo el aval de Omar Lehner (Economía), Jorge Frías (Gobierno), Oscar Albrieu (secretario de la Gobernación) y Remo Costanzo (Planeamiento) y en seis meses contó con la Ley de Salud y con los documentos necesarios para la organización.
La modernización y el aumento de los servicios de salud, sobre todo en áreas marginales de la provincia, se hicieron notar, así como el replanteo en la relación médico-hospital. Los programas para grupos vulnerables, los de formación profesional en enfermería y hemoterapia, las acciones de saneamiento ambiental y la remodelación edilicia completaron el esquema.
El presupuesto de Salud Pública se duplicó en un año para sumar personal, adquirir equipamiento y ambulancias y mejorar los edificios. Parte de esos recursos se incorporó al facturar a obras sociales. Una línea de créditos del Banco Provincia permitió a los cien médicos full time recién llegados adquirir vivienda y auto.
En 1974 fue el auge del programa; al mismo tiempo, la reacción de los médicos locales se hacía sentir a través de acusaciones de "bolches" o "marxistas" hacia sus responsables. El gobernador buscaba aliviar la tensión con la Federación Médica. "Era imposible avanzar en mejorar relaciones sin derribar los aspectos centrales del plan, aquellos que le daban su real sentido", escribe Dal Bo, orgulloso de que la experiencia "murió sin deshonra" con el golpe de Estado de 1976.
Antes de eso, el jefe de Policía de Franco -Mario Benigno Ardanaz- había hostigado el plan junto con médicos de policía. "Se inventó la presencia clandestina de un jefe montonero en el hospital de Roca y poco después las fuerzas de seguridad recibieron la denuncia de la existencia de armas en el hospital de Bariloche", que dio lugar a un allanamiento. "Pero la verdadera actividad subversiva que debía erradicarse era la excelente oferta asistencial que brindaba la medicina pública", afirma Dal Bo. La tensión creció al ser amenazados varios médicos por la Triple A y allanadas varias de sus viviendas o colocadas bombas en su contra.
Un pedido de Dal Bo y de Genoud para que Franco respaldara el plan de salud no tuvo éxito, jaqueado como estaba éste por su jefe de Policía. Esto motivó la renuncia de ambos y el médico reginense Juan Daga asumió en Salud Pública.
El plan de salud ingresó en una meseta hasta que cayó ruidosamente luego del golpe de Estado, cuando Antonio García García asumió en Salud. Dal Bo narra todo lo publicado por el "Río Negro" contra el desmantelamiento de la salud pública en la provincia, no sólo en notas de opinión del diario sino en solicitadas, cartas de lectores y entrevistas, ejerciendo una fuerte presión a pesar de la censura del gobierno militar.
ALICIA MILLER
amiller@rionegro.com.ar
El plan de salud ingresó en una meseta hasta que cayó ruidosamente luego del golpe de Estado, cuando Antonio García García asumió en Salud. Dal Bo narra todo lo publicado por el "Río Negro" contra el desmantelamiento de la salud pública en la provincia, no sólo en notas de opinión del diario sino en solicitadas, cartas de lectores y entrevistas, ejerciendo una fuerte presión a pesar de la censura del gobierno militar.
ALICIA MILLER
amiller@rionegro.com.ar
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